SSI en la sociedad. Refugiados.

El ecosistema Blockchain, a medida que crece y se consolida, continúa mostrando nuevas alternativas descentralizadas que podrían desarrollarse con éxito en muy distintos ámbitos, del índole personal y social, en actuales industrias asentadas o mostrarnos nuevas formas de relacionarnos o en la apertura de mercados todavía inexplorados.

En este sentido, una de las posibilidades más interesantes que nos ha traído la tecnología Blockchain está relacionada con la nueva identidad digital descentralizada que se vislumbra en el futuro. Aun siendo conscientes de que todavía estamos construyendo el lenguaje, creando nuevos términos para conceptualizar nuestros pensamientos y alcanzar un “consenso”, el término self-sovereign identity (SSI) sí que nos ayuda a visualizar las posibilidades de disponer de nuestra propia identidad, sin necesidad de entes centralizados que tengan esa potestad.

La SSI también es conocida como la tercera generación de identidad digital y se caracteriza porque el individuo nativo ejerce un control soberano sobre cada transacción o intercambio de datos personales realizado con otros entes. Este control absoluto sobre nuestros propios datos, con las certezas inherentes a Blockchain, es lo abre un abanico de posibilidades prácticamente inagotables en este campo, desde establecer nuestro valor como participantes en redes sociales, una atención sanitaria más optimizada o abordar el problema de los refugiados en el mundo, con una herramienta extraordinariamente sofisticada. Como vamos a ver, la tecnología Blockchain también se ha manifestado en propuestas relacionadas con iniciativas humanitarias.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados, hay más de 25 millones de refugiados en el mundo y esta cifra aumenta a decenas de miles todos los días. Para todos ellos y para las organizaciones que les atienden, como las agencias de ayuda, gobiernos e Instituciones resolver el tema de la identidad es fundamental. Por un lado, sin una identidad formal, las personas no pueden acceder a los sistemas bancarios o financieros, obtener una dirección, acceder a educación o atención médica, o registrarse en ninguna institución gubernamental. Por otro, la gestión de los refugiados también requiere de una identidad para desarrollar proyectos e iniciativas de asistencia a los refugiados de forma eficiente. Sin estos medios de identificación, refugiados o solicitantes de asilo, pueden ser retenidos en custodia hasta poder demostrar que son quienes dicen ser. Y actualmente no es una tarea sencilla.

La Alianza ID2020 se reunió para lograr el objetivo de la ONU de Desarrollo Sostenible de «proporcionar identidad legal a todos, incluido el registro de nacimientos, para 2030» y cita expresamente la tecnología Blockchain, así como como las posibilidades añadidas de la biometría, como herramientas para lograr sus objetivos. Grandes empresas y pequeñas start ups están trabajando para desarrollar un sistema de identidad basado en blockchain. En unos casos incluyendo en la ecuación el escaneo de huellas dactilares y retina como apuntes biométricos. Pero también se están experimentado con otras posibilidades igual de prometedoras.

Durante los próximos dos años, la Alianza ID2020 tiene como objetivo trabajar en la incorporación de gobiernos en esta solución y esta no parece una tarea sencilla si al mismo tiempo no se entiende las posibilidades de la tecnología Blockchain y el nuevo paradigma descentralizado que nos propone.

Algunos países se están posicionando a la vanguardia de la experimentación con los refugiados. Durante más de dos años, el gobierno finlandés ha estado entregando tarjetas de prepago a los solicitantes de asilo, tarjetas que operan en un sistema de identidad basado en blockchain y que funciona de forma similar a operar con una cuenta bancaria. La experiencia en la optimización de recursos y la integración de los recién llegados se ha mostrado positiva.

Y una vez establecido un sistema eficaz para los refugiados, ¿qué imposibilitaría seguir trabajando con otras personas en similares circunstancias a lo largo de todo el planeta? Según datos del Banco Mundial, hay más de mil millones de personas en todo el mundo, muchas en países en desarrollo, que tampoco disfrutan de una identidad porque no están registradas y no poseen una documentación de identidad al uso. La figura de los desbancarizados cobra aquí tanto protagonista que bien merecen un artículo a parte. Y de estos primeros pasos o al mismo tiempo, ¿no podrían las nuevas identidades digitales integrarse en otros proyectos humanitarios, como la distribución de ayuda en zonas catastróficas o la reducción del tráfico de niños u órganos?